Hoy, por primera vez en mi vida, he ido a un centro de nutrición. Iba muy mentalizada del peso que indicaría la báscula, pues como le he dicho al especialista, soy asidua a pesarme con cierta regularidad.
Efectivamente mis cálculos no iban desencaminados a lo que marcaba la máquina: 77 kg, y con el plus de la ropa. Esperaba algo más, por lo que incluso me he sentido satisfecha.
Cual ha sido mi sorpresa cuando, en vez del peso, lo que ha analizado el nutricionista ha sido mi índice de grasa corporal (haciéndome, por supuesto, pasar por distintas máquinas que corroboraban y ayudaban el cálculo de dicha medida). No se imagina nadie lo cegada que me he sentido todo este tiempo. No solo eso, sino lo absolutamente equivocada que estaba, y lo jodidamente necesario de acudir a un centro de nutrición.
A pesar de mi peso proporcional a mi gran altura, a mi complexión, a mi índice de MASA corporal (un poco por encima de lo estipulado como saludable y recomendado), y de mi apariencia, las cifras han desvelado lo que estaba oculto y yo más temía: mi índice de GRASA corporal es de una persona considerada dentro del rango de la obesidad.
Un índice de grasa corporal considerado saludable para mi edad (18) y mi sexo, sería no pasar de un 25% , yo me encuentro en un 34'4%, casi un 10% más.
Tanto a mi como al chico se nos ha cambiado la cara. Él, por su experiencia, su profesionalidad, y su intención de no incomodarme (supongo), no ha mostrado apenas su sorpresa, pero mi reacción (sobretodo interna) ha sido de un completo asombro. No esperaba ese dato. Es cierto que si me pongo a analizar con seriedad todos estos años que llevo comiendo porquerías las cuentas salen solas, y más al nivel que yo como porquerías, nivel alto/profesional, pero jamás creí que eso me afectaría tan profundamente, es decir, que mi cuerpo realmente se resintiera, que por dentro la realidad fuese tan distinta a la externa.
Estoy flipando, de verdad.
Mi madre está en el mismo centro que yo y cuando le hicieron a ella el estudio le salió un porcentaje de 26 (un 1% más del límite aconsejado), y yo, con 20 años menos, tengo un índice de grasa corporal por el que cualquier médico me diagnosticaría obesidad. Genial.
Una cosa es clara: estoy muy contenta de haber obtenido estos datos, de haber conocido la verdad, lo que se esconde tras mi piel. Ahora lo se y ahora puedo de verdad ser consciente de las consecuencias de mis actos. Ahora sé que mi salud depende de mi alimentación y que es seguro que voy a poner todo de mi para, al finalizar el tratamiento de dieta, tener un índice de grasa recomendable y dentro de lo normal. Plenamente segura es poco.
Esto ha supuesto un antes y un después en mi vida que, dentro de unos meses contaré como una anecdota. Voy a hacer las cosas bien de una vez por todas, tengo el empujón que necesitaba, ahora estoy más segura que nunca.
Allá voy